Ética de la victimización

Este artículo del escritor Mario Roberto Morales , que reproduzco más abajo, está en la línea de lo que he venido escribiendo sobre la cooperación internacional en general y la de nuestro país, España, en particular.

Nuestra ayuda no ha servido de nada en el combate a la pobreza (puedo hablar en primera persona de Centroamérica pues he vivido allí por 16 años y no necesito que nadie me cuente lo que he visto con mis propios ojos). Los pobres no sólo no han disminuído sino que han aumentado y los únicos que realmente se han beneficiado son aquellos de los que habla el señor Morales, que además es ciudadano de uno de los paises que reciben cooperación y por ello conoce muy bien lo que sucede.

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Esos corruptos locales (leer aquí), aliados con funcionarios internacionales que manejan una gran cantidad de dinero público sin excesivos controles y que en muchas ocasiones se han embolsado jugosas comisiones, son los que han arreglado su “pobreza” llenando sus cuentas corrientes en paraisos fiscales con el dinero que sale de nuestros impuestos y con el que entregamos a parte en las muchas campañas que se orquestan con la complicidad de muchos medios de comunicación.

Por otra parte, en demasiadas ocasiones, nuestro Gobierno ha usado la Cooperación Española como vehículo perfecto para presionar (leer aquí); o ha salido directamente en defensa de los “poderosos” poniendo en acción desde los ministros al Presidente. Un ejemplo fue la intervención en Bolivia en defensa de Repsol o más recientemente en Nicaragua defendiendo a Unión Fenosa (leer aquí), que no está mal desde el punto de vista de la obligación que tiene el Estado Español de proteger a sus ciudadanos pero el problema surge cuando el Estado no actúa igual en favor de todos y hace clasificaciones en españoles de primera y españoles de segunda, que evidentemente son ilegales por inconstitucionales. Nuestros Embajadores no quieren recibir a los españoles de a pie que residimos en el extranjero, dicen que sus obligaciones están muy por encima de atender a los “españolitos”, pues para eso están los Consulados. Sin embargo, sus altas obligaciones sí les permiten atender a los “españolazos” que tienen que ver con grandes empresas y usar todos los recursos a su alcance a la hora de defender sus intereses.

También ha servido, no tanto para ayudar a los paises de destino sino que para que la empresa privada española aumente sus negocios y por ende su cuenta de resultados sin el riesgo de la competencia ya que muchas se han beneficiado de esa “cooperación teledirigida con nombres y apellidos de ejecutantes” a cargo del dinero público. Y eso sólo tiene un nombre: CORRUPCION. Sí, nosotros acusamos a diversos paises de ser corruptos … ¡pero España no está exenta de esa lacra!.

Es hora de que se ponga un alto a esta situación y que los ciudadanos pidamos cuentas de qué se hace con nuestro dinero cuando entra en el agujero negro de la Agencia Española de Cooperación Internacional y de las ONG´S. Ni la una, ni las otras están acostumbradas a rendir cuentas. ¿Por cierto, cómo sigue la ONG de la Sra. Leyre Pajin?

 


Mario Roberto Morales
La Insignia. Guatemala, febrero de 2007

La autovictimización es cómoda y agradable. La persona que se victimiza se ubica en un espacio imaginario que le confiere automáticamente “la razón” y las consideraciones incondicionales de otras personas. Pero hay que decir que aparte son las víctimas y aparte los victimizados. A veces, las victimas se autovictimizan. Otras, tienen la suficiente dignidad como para no hacerlo. Estas son las víctimas admirables y ejemplares, como es el caso, por ejemplo, de Nelson Mandela. Los autovictimizados que no han sido víctimas necesitan crearse un victimario. Esta táctica es moneda corriente hoy día y forma parte de la agenda de muchos de los llamados “nuevos movimientos sociales”, en especial los inscritos en las ideologías multiculturalistas, que buscan integrar a las subalternidades elitistas en la dominación, imitando cada vez más a sus verdugos.

Las personas autovictimizadas reciben asistencia, dinero, apoyos y solidaridades incondicionales de multitud de personas conmovidas en su mala conciencia culposa, de modo que el acto de autovictimizarse tiene la enorme ventaja de proporcionar a sus protagonistas un modus vivendi muy por encima de los salarios mínimos. Otra de las ventajas de la autovictimización es que permite evadir la discusión racional y científica, sustituyéndola por la emotiva acusación hacia el victimario, provocando con ello que quienes solidarizan con la filosofía de la autovictimización eximan a la supuesta víctima victimizada del deber de discutir lo que haya que discutir en términos racionales. De ahí que sea mucho más fácil y cómodo para un autovictimizado y para sus solidarios acusar a alguien de racista o sexista, que discutir con él o ella los hechos concretos que lo llevan a proferir tal acusación.

Y bien, ¿a qué apelan los autovictimizados cuando crean o bien magnifican a su victimizador y lanzan su queja? Apelan a la culpa y al miedo, dos emociones que articulan muchas de las llamadas “actitudes éticas y morales” de esta época y de todas las épocas. Hacer sentir a alguien culpable es algo relativamente fácil, y hay personas con especiales habilidades para lograrlo. Asustar a la gente con hecatombes y holocaustos también lo es. Y ambos expedientes son usados por el victimismo. La culpa, para incitar la solidaridad en personas que por conflictos neuróticos se echan encima los males de la humanidad; el miedo, para asustar con la posibilidad de que los victimizados se alcen al unísono, como los pájaros de Hitchcock, y nos coman. En realidad, hay muy pocas cosas en la vida tan fáciles como victimizarse. Y tan lucrativas. Pero victimizarse no es lo mismo que ser víctima, ya lo dijimos. La víctima no siempre se victimiza porque a menudo no ha perdido dignidad.

La autovictimización ha rendido buenos frutos como táctica subalterna de sobrevivencia y lucha. Pero se torna problemática cuando ciertas elites especializadas en su ejercicio quieren sustituir el debate, la discusión y la objetividad de los hechos concretos con el discurso y la versión facilones de la victimización. Esto, a la larga, no favorece las causas de estas élites porque evadir la confrontación intelectual abierta para acusar al otro de racista o sexista es indigno y cobarde, además de que demuestra incapacidad reflexiva y argumentativa, es decir, falta de vigor intelectual y moral en las elites que viven de este discurso y que suelen refugiarse en el oenegismo parasitario de la cooperación internacional.

Se sabe que la moral burguesa confunde la caridad y la beneficencia con la justicia social o igualdad de oportunidades. Y, por lo que se ve, los “nuevos movimientos sociales” lo hacen también, pues algunos de sus dirigentes se pasan la vida apelando a la caridad y la beneficencia burguesas, y manipulando la situación concreta de las masas en cuyo nombre se victimizan y extienden la mano, para que culposos funcionarios internacionales y miedosos ciudadanos nacionales, se solidaricen con su peculiar manera de ganarse la vida.

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4 Respuestas a "Ética de la victimización"

  • Rafael del Barco Carreras dice:
  • Rafael del Barco Carreras dice:
  • Fanjul Segundo dice:
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