Parece que los que integran los tres poderes del Estado en España están empeñados en convertir a nuestra Patria en una República Bananera. A mi lo de República me parece bien pues la Monarquía ha dado demasiadas señales de incompetencia en los últimos tiempos proyectando una imagen que refuerza de forma concluyente la famosa frase … “vivir a cuerpo de rey”; sin embargo, no puedo tragar por mi fina epiglotis lo de bananera.
Lo que ocurre en el Poder Judicial, y no de ahora, es una tragicomedia digna de … ¡juzgado de guardia!
Garzón y otros componentes de dicho Poder, incluida la Fiscalía, han olvidado de donde les viene el cargo y para qué lo tienen, que definitivamente ni es por la Gracia de Dios (estamos en el siglo XXI) ni para competir por los Oscar sino que para impartir JUSTICIA (¿sabrán lo que significa el vocablo?) en nombre de los ciudadanos que son los verdaderos detentadores del PODER que les ha sido “prestado” con unas condiciones a cumplir.
La imagen que muchos de los componentes de la judicatura (no son todos pero la excepción confirma la regla) están dando con sus actuaciones de “vedette” propiciando el abuso de autoridad y con él lanzando la imagen de encarnar a los mismísimos dioses del Olimpo, siendo por tanto inmunes a cualquier responsabilidad al estar por encima del bien y del mal, nos lleva a un desastre incalculable a menos que se haga algo rápidamente para evitar el camino de no retorno.

La JUSTICIA (con mayúsculas) es la última linea de contención de los ciudadanos en la defensa de sus problemas; la sociedad puede aguantar (mejor es que no suceda) malos administradores y malos diputados, pero lo que no puede aguantar es … ¡malos jueces!. Con jueces venales y prevaricadores la convivencia se derrumba.
Siempre me ha gustado mantener una posición de equilibrio, pues hay cosas que me gustan de la derecha y de la izquierda, y por ello me autodefino de centrista; lamentablemente, y debido a la alarmante falta de cultura que existe por la evidente degradación de la educación, observo con pena como se han multiplicado los papagayos que repiten conceptos que su cerebro no entiende y a todo el que critica al poder lo intentan descalificar por todos los medios, no con razones sino que con insultos … ¡hay que matar al mensajero en lugar de mejorar lo que está mal hecho!.
Adjunto pues una opinión de una persona de izquierda (Joaquín Leguina) con la que estoy absolutamente de acuerdo.
ooooooooooOoooooooooo
EL CÁNTARO Y LA FUENTE
Me dan miedo los “grandes espejos donde ha de mirarse la juventud”, se llamen Mario Conde o Baltasar Garzón. Les temo, sobre todo, por la prepotencia de que hacen gala, incluso cuando ya han caído en desgracia.
El caso es que a Garzón se le acusa ahora de prevaricación (dictar una disposición injusta a sabiendas de que lo es), amén de algún trapicheo económico con el Banco de Santander de por medio.
La prevaricación que se denuncia se refiere a la apertura de un proceso contra los mandamases franquistas por unos delitos que ya habían sido amnistiados (Ley de 14 de octubre de 1977). Como era de esperar, los jueces que ahora instruyen la causa contra Garzón, al no archivarla, se han convertido ipso facto en “unos fachas” y de nada les ha servido pertenecer a la asociación Justicia Democrática, que se proclama progresista.
Entre los defensores del Juez Campeador nadie quiere formular la única pregunta pertinente: ¿Prevaricó o no prevaricó Garzón?. Pero antes de contestar conviene saber que quien actúa, representando a cualquier poder del Estado, creyendo que el fin justifica los medios es, simple y llanamente, un prevaricador en potencia… y este juez ha ido muchas veces a la fuente de la Justicia llevando al hombro precisamente ese cántaro según el cual un fin justo se ha de alcanzar a toda costa y poco importa usar cualquier trapacería para conseguirlo.
Entre los disparates predicados a tutta orchesta en defensa de Garzón destaca con luz propia el exhibido por José Saramago: “El destino del Garzón está en manos del pueblo español, no en las de los malos jueces”, eso ha dicho.
Quizá el escritor portugués considere que “buenos jueces” eran aquellos, tan eficientes, de los procesos de Moscú. En cualquier caso, debe quedar claro que “el pueblo español” -así, en crudo y sin mediación alguna- nada tiene que decir a este propósito. Al contrario, sobran las aclamaciones y las exclamaciones. Se trata de ver si la igualdad ante la ley es una realidad o no lo es. Y el resto, como en el Hamlet, debiera ser sólo silencio.
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