Archivo de la Categoría “Pensiones”


Mientras los españoles lo estamos pasando mal desde muchos aspectos, pero sobretodo en lo económico, nuestro Gobierno, al que parece que le sobran los millones en grandes cantidades para ayudar a aquellos con los que no tiene ninguna obligación, es cicatero en grado sumo con los que sí tiene obligación … ¡los españoles!.

Hace tiempo que intento enterarme de los fondos que nuestra Cooperación destina a subvencionar multitud de programas en países extranjeros (y hay que decir que eso sólo es la punta del iceberg del dinero, nuestro dinero, que se destina a ayudar a ciudadanos extranjeros ya que ahí no están contabilizadas otras partidas que se manejan en otros Ministerios), sin embargo y hasta la fecha no he podido hacerlo pues parece que esas cifras deben afectar a la Seguridad Nacional y por lo tanto son secretas y no están al alcance de los ciudadanos, que tienen todo el derecho a saber como se maneja el dinero público.

Se da la circunstancia de que mientras a los españoles que residimos en el exterior (en nuestro territorio nacional hay también muchos problemas) nos dicen en Cooperación que no pueden ayudarnos pues sus fondos son SOLO PARA EXTRANJEROS [y esos fondos son multimillonarios ya que aunque no conozco las cifras veo lo que se está haciendo ... construir casas, construir carreteras, construir proyectos de agua potable y alcantarillado, entrega de miles de becas de estudios, etc.] a nosotros nos mantienen en la lipidia más absoluta desconociendo nuestras necesidades entre las que destaca nuestro total abandono de asistencia sanitaria.

Esta es la auténtica realidad que ninguno de esos políticos “profesionales” puede negar y encima se recetan excelentes prebendas y viajes de placer (dicen que van a trabajar pero todos sabemos a qué van … viajando en primera clase y alojándose en hoteles de superlujo que también pagamos los ciudadanos).

Su actitud constituye una auténtica traición a todos los españoles y opino que los compatriotas que están en España deberían recoger firmas para modificar la ley e impedir que esos parásitos  pudiesen reelegirse más de una vez y que tras su segunda participación en política tuviesen que buscar empleo e ir a trabajar normalmente como hacen el resto de los ciudadanos; cuando no dispongan de dietas, pasaportes diplomáticos, coches oficiales y otras bicocas tal vez se dan cuenta de la realidad en la que viven los simples mortales.

Llanura

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Fondos de pensiones latinoamericanos: el negocio redondo de la banca española

Que los fondos acumulados en los sistemas públicos de pensiones constituyen uno de los principales objetivos al que tratan de acceder a toda costa los bancos no es ninguna novedad.

De hecho, en Europa los estudios que tratan de demostrar la inviabilidad financiera de los sistemas públicos de pensiones para justificar con ello su transferencia al sistema privado son tan numerosos como erróneos suelen ser sus diagnósticos.

Es más, en algunos países –como, por ejemplo, España- ya se ha conseguido que los gobernantes asuman como acertado ese pronóstico y, si no avanzan más hacia la privatización del sistema, es porque son conscientes de la impopularidad de la medida y, consecuentemente, del rechazo social al que se enfrentarían. [Comentario Autor Blog] Los votos son los votos, aunque sólo se produzcan una vez cada cuatro años.

Para tratar de vencer ese rechazo, el gobierno español no sólo facilita financiación a los mismos investigadores que vienen errando de forma continuada en sus predicciones sino que también favorece fiscalmente la contratación de fondos de pensiones privados de carácter complementario.

El objetivo de esas medidas es evidente y apunta a la consecución de una doble legitimidad que facilite y viabilice socialmente un progresivo proceso de privatización del sistema público de pensiones.

Por un lado, se busca la legitimidad técnica derivada de los resultados que presentan aquéllos que se supone que saben de la cuestión, los tecnócratas, y que, a tal efecto, se encargan de pronosticar continuadamente el carácter insostenible del sistema público en el medio plazo.

Y, por otro lado, se trata de conseguir también la legitimidad popular que confiere el comportamiento de las mayorías: cuanto más personas contraten fondos de pensiones privados se supone que menor será la probabilidad de que todas esas personas estén equivocadas. En ese sentido, la seguridad de cobrar una pensión una vez alcanzada la jubilación pasará por apostar por la solución individual en lugar de presionar políticamente para que las autoridades públicas garanticen colectivamente ese derecho. Las mayorías nunca se equivocan, parece ser el lema, y, por lo tanto, seguir su comportamiento deja de ser síntoma de adocenamiento y se convierte en un comportamiento eficiente.

Tampoco es ninguna novedad que los procesos de privatización de los sistemas públicos de pensiones encontraron un terreno abonado para su implementación en América Latina durante las décadas de los ochenta y noventa. Estos procesos estuvieron avalados desde sus inicios por el Banco Mundial que los convirtió en una de las “condicionalidades” necesarias para otorgar financiación a los países que se la demandaban.

Allí acudieron como aves carroñeras las principales entidades financieras occidentales -y, entre ellas, las españolas- a la búsqueda del preciado botín. La gestión privada se vendió como la panacea frente a la supuesta ineficiencia de la gestión pública. De esa forma, los sistemas de reparto, basados en la solidaridad intergeneracional, fueron masivamente sustituidos por fondos de capitalización privados o por sistemas mixtos que otorgaban un papel preponderante a la gestión privada y, más concretamente, a las empresas administradoras de fondos de pensiones controladas por los grandes emporios financieros. [Comentario Autor Blog] La ineficacia de la gestión pública es un cuento chino de Milton Friedman (ver aquí) y compañía, que les ha venido muy bien a las empresas usureras a la hora de engordar sus cuentas de resultados; y lo peor es que mucha gente, demasiada, se lo había creído. Pero ya comienzan a despertar de la anestesia.

Evidentemente, el discurso que envolvió todos estos procesos nunca llegó a justificar la privatización sobre la base de los beneficios que conseguirían las instituciones financieras privadas que se hicieran con el negocio sino que, por el contrario, les atribuía una naturaleza cuasi mesiánica: ante la supuesta inviabilidad del sistema a corto plazo y la ineficiencia pública para gestionarlo era necesario transferir sus fondos al sector privado que, mucho más avezado en la rentabilización financiera de los activos, contribuiría de forma decisiva a preservar la seguridad económica de los trabajadores una vez concluida su vida laboral activa.

Sin embargo, y como suele ocurrir cuando la retórica se pone al servicio de los intereses de los poderosos, la realidad ha transcurrido por otros derroteros.

De entrada, al propio Banco Mundial no le ha quedado más remedio que reconocer el fracaso de las reformas de los sistemas de jubilación privados latinoamericanos que el mismo auspició en un polémico informe titulado “Manteniendo la promesa de la Seguridad Social en América Latina” (Keeping the Promise of Social Security en Latin America, 2004). Informe en el que incluso se acaba defendiendo la reconstrucción de los sistemas públicos para universalizar la cobertura ante la constatación de que la gran mayoría de trabajadores ha quedado totalmente excluida del sistema de seguridad social (de hecho, salvando el caso de Chile, el promedio de cobertura del sistema apenas llega al 20%) lo que redundará en el aumento de la pobreza en la vejez en los años venideros.

Pero, además, el Banco Mundial también ha cuestionado la gestión privada de esos fondos y denunciado las excesivas comisiones que han cobrado las administradoras de fondos de pensiones aprovechando su condición de oligopolio.

La prueba palmaria de ello lo encontramos en la venta que acaba de realizar el Banco Santander que se ha desecho de las gestoras de fondos de pensiones que poseía en América Latina en una operación por valor de 950 millones de euros. Venta que le reportará una plusvalía de 600 millones de euros.

Y todo ello a costa de ofrecer un servicio que, a todas luces, ha resultado insuficiente y caro; que ha desatendido las necesidades de quienes no pueden aportar al sistema sin plantearse cuál puede ser su futuro; y que ha contribuido a desvirtuar la esencia de los sistemas de seguridad social, minando la solidaridad intracomunitaria y permitiendo que la incertidumbre, cuando no la miseria cierta, sea el horizonte más probable para la mayor parte de la población cuando la incapacidad le impida continuar en el mercado laboral.

De esta forma, y es aquí donde se encuentra el quid de la cuestión, la supuesta crisis que aquellas reformas vinieron a prevenir ha transmutado su naturaleza. Si entonces fue una crisis financiera cuya virtualidad era invocada por los grandes bancos y refrendada por el Banco Mundial; la próxima será una crisis social de grandes magnitudes que afectará, cómo no, a los más pobres entre los pobres y frente a la que parece que no hay tanto interés por anticiparse como lo hubo en aquel entonces.

Mientras tanto, Botín, presidente del Banco Santander, recoge el ídem y, como siempre, “gana la banca”.

Autor: Alberto Montero Soler (amontero@uma.es) es profesor de Economía Política de la Universidad de Málaga y miembro de la Fundación CEPS.

Rebelión

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